Modos #1

Una de las cosas que mis psiquiatras han tratado de enseñarme, sin mucho éxito, parece, es que deje de estar buscando la culpa en mi mismo o en los demás.  No se trata de buscar culpables sino de analizar situaciones y, así, corregir conductas.

Pero sigo culpando al mundo, al sistema, a mis allegados y, por encima de todo, a mi mismo.  Y no sólo me culpo: me castigo, me abandono, actúo como si nada me importara.

Culpo a mi padre y a mi esposa de sistemáticamente, y muy probablemente llevados por las mejores intenciones, ir destruyendo cualquier asomo de sueño  que he podido tener, como si negándome el acceso a las formas más visibles de mis fantasías no dejaran más camino que regresarme a la realidad.  Los culpo más por esa miopía que por las acciones que comenten.

Porque la alternativa a culparlos a ellos es culparme a mí mismo, cosa que no es difícil ya que ellos se encargan de recordarme todo lo mal que procedo.

Así que termino renunciando a mí mismo como una forma de expiar mi pecado.  Descuido mi salud, mi presentación personal, mis mismos sueños y fantasías.  Si no renuncio completamente a mí mismo es porque no resistiría no saber qué pasa después.  Pero he renunciado tantas veces a mi curiosidad que temo que en algún momento termine renunciando a la curiosidad suprema de saber cómo termina todo.

Porque no es realmente el temor a la muerte lo que me mantiene vivo.

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