Inconfeso #1

Fue un día de encuentros por allá en abril de 2009.  Hacía mucho tiempo que quería conocer personalmente a Sabrina pues ya habíamos tenido coincidencias en Facebook, por allá en 2007 donde ella lideraba un grupo de apoyo a Jorge Madero.  Conocer su pensamiento entonces fue lo que permitió que en enero de 2008 decidiera entrar al grupo de Colombia aborrece las farc, pues parecía haber algo más serio que otro simple grupo de odio contra las FARC.

Algo quise aportar para las marchas que se planeaban para ese 11 de marzo (11M), sin nunca haberme considerado organizador de las mismas pero aparentemente comenzó a haber un reconocimiento mutuo.  Reconocimiento que se formalizó con un pedido aceptado de amistad (como sucedería con otros organizadores y contertulios de los foros).

Las marchas pasaron, el grupo organizador tuvo una fractura entre los que veían la estrategia contra las FARC como parte de una estrategia de protección ante una conspiración comunista y quienes veían la estrategia contra las FARC como parte de un rechazo a todo tipo de violencia en Colombia.  Yo me limité a ver la fractura desde la barrera sin entender del todo y sin participar mientras me dedicaba a seguir usando los foros de Colombia aborrece las farc como un pasatiempo en el que conocí a varios interesantes contertulios con diferentes puntos de vista.

Finalmente me sacaron de ese grupo.  Primero cerrando los foros y luego, cuando los reabrieron borrando mis contribuciones.  También, y por cuestiones laborales, dejé de insistir.  Hasta un día en que dije algo completamente neutro –pero, y lo reconozco, fuera de tópico– y me bloquearon el acceso.

Cuando salí de mi trabajo, quise retomar mi experiencia en Facebook como un activo.  El 11M y la creciente incursión de marcas en Facebook parecían mostrar que ahí había algo, y al buscar eventos y grupos relacionados el nombre de Sabrina aparecía con cierta frecuencia; pero sería en una nota que ella hizo de recopilación tras el primer año del 11M en que me mencionó como alguien a agradecer en la realización del evento que me movió a intercambiar más ideas con ella.

A medida que comencé a usar Twitter y a disfrutarlo, quise promocionarlo entre mis contactos de Facebook y la única que me siguió entonces fue Sabrina.

Parte de mi motivación a ir a los Encuentros Maderistas era conocerla finalmente, y eso funcionó finalmente esa mañana del 2 de abril de 2009 en la Biblioteca Luis Angel Arango, durante el lanzamiento de una campaña contra las amenazas y la violencia.

Algo conversamos al final del evento.  Sabrina había quedado de encontrarse con otra de las organizadoras del 11M y, aunque ella no llegó al evento llegó más tarde y terminamos tomándonos un café en el Oma de la BLAA.

La conversación estuvo entretenida: recuerdo que hablé de mis percepciones del 11M, sobre política y de cómo el uribismo lo mirábamos con recelo (salvo otra persona que nos acompañaba y a quien no recuerdo) y sobre otras cosas que no recuerdo.  Lo único que recuerdo es que yo estaba embelesado con los ojos de nuestra tardía acompañante.  Ella había organizado las marchas del 11M en Lisboa y su nombre casi se me escapa: Nohelia.

A lo largo de mi vida muchas mujeres me han encantado.  De adolescente me enamoraba fácilmente.  Casi siempre hubo alguien que en su momento era mi traga principal (Adriana, Jenifer, Sandra, Alejandra), pero muchas más mujeres me movían el piso al mismo tiempo.   Finalmente llegó una que me correspondió y con la cual establecí un lazo más allá del enamoramiento, lazo que nos llevó al matrimonio y a dos hijos.  Pero estar con Andrea nunca significó que yo dejara de ver a otras mujeres y a pensar en ellas.

Nohelia no sería más que una de esas muchas mujeres que me gustaron, pero más que sus ojos fue su conversación lo que me llevó esa tarde a buscarla por Facebook, con apenas un nombre que medio recordaba y cuya ortografía exacta ignoraba y sabiendo que ayudó a organizar el 11M en Portugal, llegué a su perfil de Facebook y le envié un pedido de amistad que ella aceptó.

Recuerdo que al ver la confirmación de amistad algo en mi interior se alegró y escribí por Twitter algo como “No sólo pude disfrutar sus ojos sino que ahora me permite seguirlos viendo” (las palabras exactas se las llevó Twitter al no permitirme consultar más allá de mis últimos 3000 trinos y desparecer todos mis favoritos anteriores a 2010).

Una más en mi lista de mujeres que positivamente me impresionan.  Pero leyendo sus palabras en Facebook y viendo sus fotos, poco a poco se fue labrando una imagen en mí de que Nohelia Garzón era algo diferente a una más.  Adicionalmente, y aunque ya no utilizara Facebook con la misma frecuencia que antes, Sabrina de cuando en cuando replicaba en Twitter los mejores apuntes de Nohelia en Facebook.

Llegó el 9 de junio de 2009, cuando Facebook había anunciado que permitiría nombres de usuario para quienes tuviéramos perfil allá.  Recuerdo que muchos en Twitter estábamos pendientes del momento, muchos para asegurar que el nick de toda su vida no fuera tomado antes por otra persona.  Yo estaba listo para registrar mi “gabisson” y ver quién más registraba su nombre.  Cuando vi que Nohelia puso el suyo le escribí por Twitter a Sabrina (@sabri_nap) que cuándo a nuezdeeva (Nohelia) la tendríamos en Twitter.  Pues bien, a los pocos minutos ya @nuezdeeva comenzó a trinar.

No tardó @nuezdeeva en convertirse pronto en un éxito twittero, sobre todo desde que comenzó a intercambiar trinos con el ya reconocido twittero colombiano Juan Restrepo (@sobreconexo).

A lo largo de mi vida muchas mujeres me han encantado.  De adolescente me enamoraba fácilmente y ya de más viejo muchas mujeres me siguen encantando, y esto ha incluido a muchas twitteras.  Sandra Gómez (@polivalia) es un ejemplo; pero si bien Polivalia me ha encantado nunca me movió la cabeza lo suficiente para haberla considerado una traga twittera.  En el Twestival de febrero de 2009, por ejemplo, noté cómo la cercanía de cierta mujer me electrizaba la piel.  No sé qué tan evidente fue, pero un comentario de Polivalia me hizo entender que al menos ella sí se dio cuenta.  Por algún tiempo ella, Johana Espitia (@champesp), fue mi traga twittera principal.  Otras twitteras (todas conocidas en vivo, así haya sido fugazmente) se han ganado su entrada a mi lista de tragas twitteras.

Y @nuezdeeva entró de una a esa lista.

Recuerdo por allá en 2006 mientras almorzaba con compañeros de trabajo, ellos hablaban de las mujeres que les gustaban de la oficina.   Alguien me pregunta que qué opinaba y otro dice que no me pregunten porque estoy casado.  Recuerdo la frase de otro compañero diciendo que yo estaba casado, no castrado.  Nunca he pensado que sea un pecado que me guste una mujer que no sea mi esposa.  La falta vendría si yo actuara indebidamente con respecto a ese gusto.  Y por eso me atrevo decir que aún estando casado me han seguido gustando las mujeres y que nunca me permití actuar indebidamente.  Parte porque no me atrevía pero, principalmente, porque no valía la pena atreverme: ninguna de ellas significaba más que mi esposa.

Pero mi matrimonio ha tenido sus problemas.  En septiembre de 2008 quedé en paro y desde entonces sólo he tenido proyectos pequeños que apenas alcanzan a cubrir algunos gastos de la casa, mientras yo he seguido tratando de descubrir mi verdadera vocación (y, mientras tanto, distrayéndome en Facebook y Twitter, y luego Tumblr y Badoo y muchos otros, tratando de convencerme que tal vez por ahí esté mi vocación o mis posibilidades de negocio).

Siento que asumir más papeles de amo de casa, me llevarían a encerrarme de buscar esa vocación.  Pero tampoco cumplo con los mínimos.  Así ya estoy a punto de completar dos años de ser prácticamente un desempleado y un mantenido.  Y, desde el día uno, mi esposa ha resentido eso.

En este último par de años nuestra relación ha fluctuado entre momentos de apoyo a mis locuras y francas requisiciones a que me vaya de la casa.  Invitación esta última que no he tomado porque, sencillamente, no tengo a dónde ir.

Hace unos tres meses, en medio de una de esas críticas más duras, busqué refugio en el Twitter de la madrugada, espacio donde sabía solía estar Nohelia, con quien ya había tenido algunos intercambios de ideas.  Traté de ser los más claro que mi mordaza me lo permitiera, y hubo detalles que me hicieron enamorarme más de ella.

U obsesionarme más, no estaba seguro.

Llegué a pensar que si morir era el precio de estar un momento con ella, así fuese sólo para llorar en su hombro, ese sería un precio que estaría dispuesto a pagar.   Ella bien pudiese ser mi verdugo en cualquier sentido figurado o literal.

Pero fue su propia crisis la que propició el encuentro.

Encuentros que, tras varios desencuentros, se llevó a cabo el 18 de junio en el mismo lugar dónde nos conocimos: en el Oma de la BLAA.

Algo hablamos de lo que pensábamos y lo que sentíamos sobre temas comunes y triviales, pero me había prometido, le había prometido, que en vivo podría decir algo que tenía atragantado y no me atrevía a decir por Facebook, Twitter o chat.

Tal vez tenía la breve esperanza que, teniéndola en vivo, sintiera que la imagen que me había formado de Nohelia, por sus fotos en Facebook, por los tweets de la nuez de eva, por sus escritos en su blog, se desdibujara, se aterrizara, y yo me diera cuenta que no había sido más que una obsesión virtual hacia una imagen proyectada en la red.

Pero Nohelia es mucho más de lo que proyecta en la red.  Desde ese primer encuentro en marzo de 2009 y con este último en junio de 2010 pude ver a una mujer de la que me enamoraría en todos los sentidos.

Y no son sólo sus ojos, sino lo que dice y lo que piensa.

Y tuve que decirlo.  Porque me lo prometí.  Porque se lo prometí.  Porque el abrazo que nos habíamos prometido para el encuentro no se lo podía dar antes de que ella tuviera conocimiento de causa.

Porque después de darle muchas vueltas a qué quería decir y cómo decirlo, tenía que superar mis propias mordazas antes de que la oportunidad se perdiera.

Siento que hubo cosas bonitas de ese momento.  Y siento (y aun me martillan) que hubo errores en qué y cómo lo dije y cómo quise forzar luego una respuesta.

Su respuesta al final fue que yo no tenía que pedir perdón, pero que no.  Que lo último que ella necesitaba eran complicaciones. Un último abrazo de despedida, dio la vuelta y se perdió entre la multitud de esa noche lluviosa en el Centro de Bogotá.

Cuando ya no pude verla más me di la vuelta y regresé tranquilo a mi casa.

La tranquilidad no duró.  Traté de dar espacio, traté de retomar conversaciones como si nada hubiera pasado, pero empecé a sentirme ignorado.  Traté de forzar respuestas y ella a cerrarse más y a perderse.

Hasta que ella, finalmente, cerró su perfil de Facebook y dejó de trinar en Twitter.   Esa tarde estuve intranquilo, triste, como desesperanzado.  Andrea lo notó pero yo no podía darle explicaciones.  Más tarde tuvimos una discusión por un tema relativamente trivial, pero tocó cierta fibra que me hizo bajarme del carro y seguir a pie.

Durante el camino pensaba en Noeli y qué tanto de lo que le pasaba era mi culpa.  Pensaba en mi familia, en mis hijos y en cómo no quiero ser un padre ausente.  Pensaba en Andrea y qué tanto aun podría decirse que la amaba.  Pensaba en consejos que me habían dado.  Pensaba en lo que significaba mi red de Twitter y más después mi desconferencia en Virtual Camp.  Y sabía que tenía una decisión grande qué tomar.

Llegué a mi casa, Andrea me recibió con cierta alegría de que estuviera bien y con la inquietud de qué me pasaba y le dije que necesitaba un tiempo para poder dar una respuesta.  Error.  Ella con su impaciencia no podía aceptar que no le diera al menos un adelanto de lo que yo podría tener que decir.  Preguntó conjeturas y una de ellas es si había otra mujer en mi cabeza y mentí diciendo que no.

Como parte de mi tiempo, yo también cerré mi perfil de Facebook, puse candado a mi perfil de Twitter y eliminé a más del 90% de mis seguidores (dejando sólo aquellos “esenciales”) y empecé a usar mis cuentas alternas.

Para mí es claro una cosa: hay muchas cosas en contra de que Nohelia y yo podamos ser algo.  Comenzando porque el sentimiento, hasta donde alcanza mi entender, es sólo unidireccional.  Segundo: estoy casado y, en principio, no tengo planes de revertir esta situación y menos considerando que hay niños de por medio.  Tercero: estoy vaciado, lo que me limita en las decisiones que puedo asumir.

Dejar a mi esposa por Nohelia sería, simplemente, un sinsentido.  Si la dejo sería porque mi amor o nuestra convivencia no funciona más, independiente de cualquier tercera persona aparte de los niños.

Pero desde ese día, mi esposa ha estado más consentidora y menos regañona, y parece legítimo y no una estrategia para no perderme.  Y yo siento que necesito a esa esposa que me está echando de la casa.

En cuanto a Nohelia, reapareció en su blog y en Facebook.  Un comentario que hice desde mi cuenta alterna le disgustó y me retiró su amistad lo que interpreté como una respuesta final a que todo había acabado.  Me despedí, cerré mi cuenta alterna en Facebook y Twitter.  Retomé mi cuenta principal en Twitter (la de Facebook la dejé inactiva) y ahí voy.

El último episodio es que nos reencontramos en Twitter (me volvió a seguir y como cortesía yo a ella) pero evitamos mencionarnos (salvo lo que yo interpreto como indirectas suyas, pero tal vez me lo estoy tomando personal cuando no lo es.)

Y yo sigo sin respuestas para mi familia, ni respuestas de qué voy a hacer en la vida desde un punto de vista productivo, y sí con llanto cuando, por ejemplo, esta tarde abrazaba a mi esposa entendiendo que aún la aprecio pero tal vez y no la amo mientras siento que mi obsesión por Nohelia es algo más que una simple obsesión.

Por el momento sólo atino a decir una cosa: ninguna de mis demás tragas twitteras me está moviendo el piso de forma alguna.  Tal vez por eso me he atrevido a confesarlas de a pocos.

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4 respuestas a Inconfeso #1

  1. Miss Corea dijo:

    Definitivamente creo que hay dos situaciones diferentes ahí que no pueden mezclarse, la de la vocación y la del asunto de pareja. Supongo que es fácil sentirse atraído por alguien más afín a esos nuevos caminos que uno a veces quiere recorrer, más cercano a eso que uno ya no comparte así hubiera estado al principio… porque el tiempo, el espacio y, aunque mucho idealista o políticamente correcto personaje lo niegue, el dinero se encargan de abrir surcos muy profundos entre uno y su pareja y a veces es tan hondo el cráter que querer saltarlo es un intento suicida. Por eso cualquier promesa, que uno mismo dibuja en unos ojos de un color diferente a los de la persona que duerme todas las noches al lado de uno, parece esperanzadora. Pero esa esperanza es falsa, no hay nada allí, incluso si lo hubiera, incluso si pasara. No creo que valga la pena dejar algo por otra cosa. Uno debe dejar algo cuando está cansado, no remplazar las cosas, no suplir una ausencia con una presencia nueva y desconocida que a la larga resulta frustrante. Sin embargo, en caso de que uno decidiera ir por ese camino irse detrás de vacíos y hermosos ojos que nunca te miraran como quieres que lo hagan, es imposible hacerlo sin solucionar el factor vocación y el factor dinero. No estoy diciendo nada nuevo. Me imagino que todo esto ya lo sabes. Lo importante es que, para mí, hay cosas más importantes que ese impulso de novedad… quedarse no es un sacrificio pero requiere más trabajo, más valentía, más amor incluso. Creo que el amor y los lazos cambian pero que no se pueden cambiar por otros. Y creo que esta falta de movimiento es un indicio de cambio y no necesariamente de ruptura.

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