Atragantado

Mi primera novia, por declaración unilateral de mi parte, fue la hija de un compañero de mi papá cuando yo tenía 4 años y ella 2.  Más adelante la volvería a ver pues coincidimos los dos estudiando la misma carrera en la misma universidad.  Solo confieso que no me fue indiferente, pero tampoco me desbarató el piso como muchas otras.

Más adelante en la vida vino otra hija de otro compañero de mi papá.  Yo tenía 7 años y ella 5 cuando nos conocimos.  Aun está en mi Facebook junto con sus hermanos.

Cada nuevo año en el colegio me trajo un nuevo amor, pero ninguno memorable hasta que llegó Adriana.  Supongo que en gran medida fue la edad que hizo que a mis quince años comenzara a tomarme en serio una traga.  Y me la tomé demasiado en serio al punto que su rechazo me desbarató y me hizo pasar mis primeros pensamientos suicidas.

Ciertos sentimientos nunca pasan, y aunque la distancia y el tiempo han sanado viejas heridas, hoy puedo tener a Adriana en mi Facebook sin sentirme descorazonado por lo que pueda decir o hacer, pero aún me importa de una forma especial.

Al terminar el colegio, Adriana siguió importando en mi vida.  Toda nueva niña que conocía era una posible Adriana, o quien me ayudaría a olvidarla, o con quien no quería cometer el mismo error.

La traga pasó, pero no su referente.  Durante mis años en Canadá conocí a una chilena: Jenifer.  La primera vez que la vi me pareció muy bonita pero las circunstancias me hicieron verla con algo de antipatía.  Fue antes del verano y ella regresó a Chile por un mes sin que me importara, pero al regresar tuve la oportunidad de compartir más tiempo con ella en medio de actividades con amigos comunes y terminé enamorándome.

La atragantada con Adriana me hizo tomar las cosas con calma y no revelar mis sentimientos (aunque tal vez fueren obvios) y todo ese mar de sentimientos empezaron a alborotarse a medida que se acercaba mi fecha para regresar a Colombia.  Le escribí una carta tratando de no ser tan obvio y la noche antes de regresar, en medio de un actividad de amigos, tuve la oportunidad de despedirme.  Fue un abrazo como nunca había sentido un abrazo antes.  Un abrazo que 18 años después aún recuerdo.  Le dejé la carta en sobre cerrado con otro amigo y me fui.

A Jenifer también la tengo en Facebook y ahora que lo digo no dejo de ver un raro patrón.

Con el fantasma de lo que no fue con Adriana y de lo que no me atreví con Jenifer, regresé a Colombia a comenzar a estudiar.  Compañero de estudios con el hermanito de Adriana y con mi primera novia (sí, cuando yo tenía 4 y ella 2) y compañero de año y facultad mas no de carrera con el hermano mayor de mi segunda novia (cosas y conexiones extrañas me ha traído el mundo), tarde o temprano alguien de mi nueva vida terminaría moviéndome el piso.

Las historias van para otro post.

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