Un círculo de miseria

De repente viene ese sentimiento de que cualquier cosa que hagas no será más que una carga para los demás. Un gasto. Un pago de más que no presupuestaban. Pues no es un gasto que te puedes costear. Te quedas catatónico. Ensimismado. No te atreves a moverte, a hacer algo por ti mismo, pues no tienes nada. No puedes dar nada. Salvo molestias.

Tal vez no quieres deprimirte en silencio, así que recurres a tu vicio. Otros usan el alcohol o las drogas. Tú prefieres una droga más sutil. Recibir información sin sentido. Recrearla. Abrirte a nuevos mundos. Pretender que interactúas con personas que la verdad ni siquiera conoces.

Pero de pronto estás de mejor ánimo. Te sientes mejor. Te arriesgas así a hacer algo.

Pero cualquier cosa que hagas es un costo adicional a los demás. Y lo sabes. Sabes que te lo van a cobrar.

Tal vez deberías olvidarte de la pretención de que eres un individuo. Alguien que requiere cosas para sí. Sólo eres una máquina de hacer mandados. Recibir órdenes y ejecutarlas. Así, si lastimas a alguien, si le causas un costo a alguien, no fue tu culpa sino de quien te dio la orden. No es tu problema.

Lo único que necesitas es olvidarte de que eres un individuo. Una pretensión que sólo causa un círculo de miseria.

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