Soñar con sabores

Soñé con un sabor.  Era el sabor de lo que ella había comido.  No era un sabor particularmente agradable, pero no importaba porque era a lo que ella sabía, a lo que sabía su beso.  Un beso que me sorprendió porque ella llevaba un tiempo largo ignorándome, un tiempo en el que yo había aprendido que mi existencia le resultaba molesta.  Pero yo necesitaba entregarle algo y buscaba la forma en que aquel presente no significara entrometerme en su vida, en su rutina.  Y por ello no esperaba que me agradeciera y menos con un beso.

Pero era un sueño.  Ese último sueño que uno tiene antes de despertar.  Ese sueño del que uno se despierta y aun quiere aferrarse a la idea, a la fantasía.

Muchas veces en estos sueños tan vívidos termino dudando por un tiempo después de despertar qué hay de cierto en la premisa, en el contexto.  En este, el contexto es cierto.  Nohelia me ignora y en gran medida he aprendido a que le fastidio.  Sí, Nohelia es con quien soñé.  En parte el sueño también me sorprende porque no he estado pensando en ella particularmente.  No añoro reconectarme con ella y volver a encapricharme.  Aun me duele que se haya perdido cierta complicidad, ciertos diálogos, pero como mujer no la añoro.

Pero así son los sueños.  Raros.  Inesperados.

Antenoche también me soñé en una aventura.  Esta vez en un dilema porque estaba decidiendo estar entre dos mujeres, ninguna de ellas mi esposa.  Una, Tania, la sentía, en el sueño, como la mujer de mi vida.  La otra, Clara, era una simple aventura para pasar el rato.  En la realidad Tania es una amiga muy querida. Una mujer de la que me he enamorado en la realidad en esa forma que tengo de enamorarme de todas las mujeres lindas en mi vida.  Es una aventurera en el sentido deportivo del término y esa era también parte del contexto de mi sueño.  Ella iría a escalar montañas y yo la esperaría sedentariamente en la carpa o el campamento para compartir nuestras vidas.  Pero había el inconveniente de que me acababa de enredar con Clara, quien para mí no significaba más que sexo, pero no era un sexo al que quisiera renunciar.  En el contexto del sueño yo seguía casado, pero ese no era parte del dilema.

Salgo de los sueños y regreso a la realidad.  Mis deseos más racionales —repito: mis deseos— me llevan a comprometerme más con mi pareja, a estar con ella, a no pretender jugar por ahí.  Pero soy una persona llena de deseos contrarios.  Deseo quedarme en casa todo el día y deseo salir a aventurar por el mundo.  Deseo estar cómodo y deseo sacudir mi cabeza.  Y entre las aventuras que sueño las hay unas muy positivas y tentadoras: lanzarme a hacer negocios, a conocer más personas, a romper mi aislamiento, a tomarme el mundo.

No estoy buscando aventuras amorosas.  Pero ayer, sentado al lado de una amiga, sentía ganas enormes de darle un beso.  Un beso apasionado, pero solo un beso.  Y ese impulso no sucedió una vez sino cada vez que estuve a su lado.

No sucederá.  Mi vida afectiva o emocional no depende de ese beso, como si dependen de que me enfoque en mi familia.  Hay aventuras mucho más importantes de lograr para mí que venturas amorosas o sexuales.  Regresando a Tania y a Clara, el sueño mostraba dos actitudes frente a lo que me atrae de cada una de las mujeres que conozco en la realidad o a través de la red.  Hay muchas formas en que me relaciono con ellas, en que me enamoro de ellas, en que las deseo.  Puede ser un beso, o una revolcada, o compartir una vida, o esperarla a curar sus heridas tras una aventura.  En muchos casos lo que deseo realmente es no más que un fuerte abrazo.

También fantaseo con saber que se siente saltar al vacío, o sentir que la vida se pierde en unas venas abiertas, o sentir qué es perder la conciencia a punta de alcohol.  Fantaseo con ser una persona poderosa, o un hombre invisible, o fantaseo volar como Superman o tener el poder de detener el tiempo y de regresar al pasado.  La mayor parte de muchas de esas fantasías no son más que fantasía, no son un propósito de vida.  Son imposibles o poco deseables.  Pero de cuando en cuando esas fantasías y deseos ocultos se convierten en ensoñaciones.  Y a veces me sorprenden lo elaborados que esos sueños pueden ser.

No sabía, por ejemplo, que yo era capaz de soñar con sabores.

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Una respuesta a Soñar con sabores

  1. los sueños siempre nos sorprenden

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