Entre vetos

Sé que Twitter no es una cosa para tomarse en serio y que las relaciones que se desarrollan por este medio son en promedio más superficiales y efímeras que las que establecemos en los espacios físicos que visitamos: colegio, universidad, trabajo, la calle.

Hay algo que engaña la mente y es que en ocasiones es más diario el contacto y la presencia de ideas a través de Twitter que con las personas de carne y hueso, particularmente cuando uno trabaja desde la casa en lugar de estar yendo a una oficina o a un aula de clase.  Eso hace sentir que tus contactos en Twitter son más cercanos, más reales.

Varias veces me ha dolido cuando uno de estos contactos se pierde.  Desde el simple unfollow (que ya a aprendí a asimilar y a darlo sin remordimiento), pasando por la indiferencia, la ignorada, el veto o llegar incluso al bloqueo.

Uno de los primeros unfollows que me dolió fue el de una de mis tragas twitteras.  Me dolió precisamente por eso, porque estimaba a la persona.  Pero, aunque no me seguía, respondía a mis mentions y luego me reencontraría con ella cara a cara y seguiría hablando como la última vez.  En cierta forma me ayudó a darme cuenta de la intrascendencia del unfollow, acto que tiene que ver más con la limpieza del timeline que con la relación personal.

Un veto más dolido vendría luego.  Creo suponer que malas experiencias le hicieron prevenirse con Twitter en general y un día que hice retweet a un comentario de otro twittero, que ella interpretó como plagio, simplemente respondí con una búsqueda de Google que mostraba que la idea no era original de ninguno.

Conclusión: se dedicó a sacarme de su timeline (motivo candado no necesitaba bloqueo), incluyendo un alterego y un par de cuentas institucionales que ella sabía que yo manejaba.

#Yoconfieso que inconscientemente pude haberla toreado un poco.  (El uso del hashtag en la frase anterior no es gratuito.)  Aunque, desde luego, mal haría en llevarme toda la gloria por su salida.  Sinceramente me dolió su partida de Twitter porque para mí era una persona con importantes puntos de vista para compartir y con quien me gustaba conversar, aunque supongo que yo, para ella, no lo era.

De la misma región geográfica y también amante del cine aparecería otro de esos vetos dolidos.  Nunca supe las razones, pero las sospecho.  Sospecho que pudo interpretar mi juego de alteregos como una burla personal, cosa que nunca fue mi intención pero puedo entender la percepción.

Por el momento sólo sé que me tiene bloqueado.  (O me tuvo.)

Luego vendría el veto de Nohelia.  Es un simple unfollow que en su momento quiso decirme que era intrascendente, pero desde entonces ignora todo intento de comunicarme con ella, incluso en cosas que nada tiene que ver con la historia pasada y superada.  Su propio blog terminó cerrándolo y haciéndolo privado.  Imagino que sería demasiado presuntuoso suponer que soy la única causa de esa censura, pero el mensaje parece claro: yo no debo preguntar.

El siguiente caso que recuerdo es el del Coyote García.  Creo que tengo un palito para abrirme a las almas más atormentadas en Twitter.  Recuerdo que uno de los últimos intercambios que tuvimos antes de la ruptura fue a una pregunta abierta en Formspring donde ella me respondía que no vería problema a compartir una conversación con un café pero que dependería de que no estuviera de malas pulgas (o algo así).

Pocos días después Tumblr tuvo una caída grande y tras el regreso noté la causa de una inconsistencia que había notado en las actualizaciones de mi dashboard: sus publicaciones se anunciaban pero no se mostraban en mi tablero de Tumblr.

Hice una pregunta genérica y fui ignorado.  Hice una pregunta directa y fui ignorado.  Finalmente en un tweet pregunté relacionando su blog con su arroba y recibí un DM diciéndome que no fuera sapo y que mantuviera las esferas separadas.  No pude disculparme por DM porque ya no me seguía (no sé si el unfollow fue en ese instante, sospecho que fue anterior) y luego pensé que yo no debería disculparme cuando di plenas garantías de una respuesta con advertencia previa.

Al poco tiempo me bloqueó en otros canales (Facebook) y, lo mismo, supongo que no fui yo la única causa de que cerrara Formspring, Twitter y otros medios, pero sin duda debí contribuir al episodio.

Mi siguiente historia de vetos viene de una twittera que me parece una gran persona y quienes otros twitteros comparten la apreciación de que es una gran persona pero con quien siento nunca hubo química twittera (a diferencia de los casos anteriores).

Creo que a veces olvido que algunas personas utilizan Twitter para decir cosas, no para intercambiar ideas.  En una ocasión anterior expusimos puntos de vista encontrados sobre un suceso y sin duda la de ella era una versión más informada que la mía.  Algunas puyas que hizo ella sobre personas que hablan sin saber (que yo no sabía si iban hacia mí o no) las respondí sin menciones en el sentido de defender mi derecho a hablar aun sin saber.  Finalmente lanzó un #petardo sin mención y yo hice un comentario (sin mención) sobre el significado de la palabra.

Eso quedó ahí, en principio.  Pero un par de semanas después respondí a un comentario que ella puso, exponiendo un punto de vista alterno.  Se enranchó en su punto con un “y ya” indicando, claramente, que no estaba interesada en absoluto en continuar la discusión, cosa que respeté.

Al día siguiente capté una conversación con otro twittero, en el cual ante un desacuerdo volvió a repetir el “y ya”.  Así que hice un comentario sin mención sobre esa frase, el cual ella leyó y entendió a quién iba dirigido.  Tal vez si yo no hubiera retrinado su respuesta las cosas habrían quedado ahí, pero mientras yo estaba considerando el unfollow como medio para prevenir futuros choques ella se me adelantó con un bloqueo.

Continué algunas de sus conversaciones con otros twitteros.  Me enteré que ella creía que le estaba cobrando el episodio del #petardo (cuando, más bien, yo había estado considerando evitar confrontaciones y no buscando cobrarlas).

No sé por qué recuerdo tanto los detalles.  Finalmente, a diferencia de otros vetos, yo no sentía una empatía personal con la susodicha.  Supongo que tiene que ver más con el orgullo herido de que se vanaglorien de haberte dado un bloqueo.

Ahora.  Supongo que yo habré tenido muchos vetos de los cuales no me he enterado.  Son estos los que recuerdo porque me enteré y dolieron.

El último veto se suma a esos vetos dolorosos.  Es una persona que conoce mi historia, conoce detalles que le he compartido porque en algún momento me abrí a ella en busca de consejo y llegue a considerarla mi amiga, mi parcera, al menos dentro de lo que una relación por Twitter y Formspring puede dar.  No pudo ser más porque todos los intentos de reuniones cara a cara se frustraron.

Un día, cansada de sus miles de desconocidos en su timeline, cierra su twitter y abre uno nuevo indicando que sólo seguirá a unos pocos.  Por lo que en algún momento sus consejos significaron para mí esperaba ser uno de esos pocos, pero no me hice esperanzas.  Finalmente yo sé que mi timeline principal estaba lleno de trinos depresivos, quejas y otras cosas que no son del agrado de todo el mundo.

Sólo por confirmar, le pregunté en Formspring.  Creo que contestó con un tweet sin mención.  Desde entonces ha ignorado todas mis preguntas (personales o no) y no me incluye en la lista de a quienes pregunta.

Y estoy seguro que ninguna de mis preguntas ha sido irrespetuosa (único criterio que aduce para ignorar y eliminar las preguntas).

Que yo no sea la persona a quien quiere seguir a la larga me tiene sin cuidado.  Así como ese primer unfollow que recuerdo, sé que el que alguien no quiera leerme en Twitter no significa que me tenga censurado o me crea mala persona.  En los otros casos mencionados, puedo imaginar las razones reales o (en mi criterio) infundadas para el veto o la censura.

Este último duele especialmente porque es claro y porque desconozco la causa.

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