Tengo barba

Finalmente tengo una barba digna de ser llamada como tal.

En gran medida esto se debe a un problema de vitiligo que me apareció en la cara y la barba lo disimula lo que me ha permitido vencer la presión familiar (mamá y esposa) de que me afeite seguido.

Aun me gustaría tener una barba más tupida.

Pero regresemos al vitiligo.  Apareció este año y entre las probables causas esté el estrés.  O alguna condición genética (aunque no conozco antecedentes familiares del mismo).  O… bueno, hay muchas causas.

El mío justo le dio por aparecer en la cara, lugar que no es fácil de esconder.  La parte que muestro al mundo.  Aquello por lo que me ven.

Tal vez, de ser más juicioso con el tratamiento, las manchas pasen.  Por ahora simplemente me hacen sentir un pequeño fenómeno cuando pienso en ello.  Algo en lo que tengo que pensar cuando me relaciono en público.  Una marca ante la sociedad.

Últimamente he encontrado muchas razones para sentirme feo.

Creo que nunca quise crecer.  Envejecer.  Pero ya no soy un joven y cada vez que en Twitter alguien se refiere a mí como Señor Sandoval me lo están recordando.  La panza que he estado cultivando desde los 20 años ya deja de ser una exoticidad.  Ya mi rostro (manchas aparte) no son el de un joven.  Aun no tengo arrugas notables pero la proporción de los rasgos denotan cierta edad.

Acabo de cumplir 39 años.  Un año más y serán 40.  Ese temido cuarto piso.

Nunca quise crecer en el sentido de hacerme adulto y asumir responsabilidades de adulto.  Quiero ser el cómplice de mis hijos y no quien les impone los límites.  No quiero estar pendiente de las cuentas de la luz o del agua, ni estar pensando en como resolver los problemas diarios de la vida como lo hacen los adultos.

No es que me arrepienta de haber asumido las responsabilidades que tomé.  Yo quise casarme con la única mujer de mi vida.  Quise tener hijos.  Adoro a esos pequeños.  Cuando me pienso una persona diferente sé que no renunciaría a estar al lado de los chicos.

Pero hay cosas que aun no asumo.  No asumo mi propio cuidado personal, ni el hecho de que tengo responsabilidades.  Responsabilidades conmigo mismo, con mi cuidado personal, con mi cara, con mi sobrepeso, etc. pero sobre todo responsabilidades con mi familia.

Así que tan solo me queda sentirme mal.

Sentirme un fracaso en mi vida social.  Sentirme un fracaso en mi vida profesional.  Y, aunque Andrea y los chicos sigan a mi lado, un fracaso en mi vida familiar y como padre de familia que no es capaz de traer el pan a la casa y ser el ejemplo que los niños necesitan.

Pero, por ahora, tengo barba.

Anuncios

Acerca de gabisson

Copy of a human being
Esta entrada fue publicada en Reflexiones vagas y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Tengo barba

  1. Angélica. dijo:

    Aquí va un suspiro de admiración.

  2. Nohelio dijo:

    Que triste es tu vida. En verdad no hay salidas. Ni opciones. No queda más que una barba. Y una poco tupida. Es que nada es fácil para los que somos feos, gordos, enfermos, rechazados, viejos, pobres, fracasados y casados.

    Un abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s