Verdades incómodas

A veces creo estar sobrediagnosticado.

La verdad no es que lo esté, pues nunca le exigí a mis psiquiatras que me dijeran su diagnóstico aunque en cierta forma puedo intuir algo a partir de la medicación que me ordenaron: antidepresivos atípicos y antipsicóticos.

Tal vez sea más esa sensación de que no necesito más saber qué es lo que está mal en mí sino obtener esa receta de cocina, con pasos detallados, que me permitan superar.  Sentir que más que un diagnóstico necesito una solución.

Un diagnóstico que por mucho tiempo no me creí es que soy una persona egoísta.  Si veo al egoísmo como esa decisión conciente por medio de la cual ante todas las alternativas busco la más conveniente para mí, entonces no soy egoísta.  Soy una persona muy dada al sacrificio, a abstenerme de cosas por el temor a exigirlas o a que otra persona sufra por mis caprichos.

Carezco de ese tipo de egoísmo positivo o activo.
Mi egoísmo es de otro tipo.  Es ese egoísmo pasivo donde en mis acciones actúo por lo que quiero o siento o veo sin considerar siquiera cómo esto puede afectar a otros.

Cuando soy conciente no actúo a favor mío y cuando soy inconciente no considero a los demás y en cualquier forma pierdo yo y pierden los que están a mi alrededor.

Lo peor de este egoismo pasivo es que es inconciente.  Reflexionar las cosas para tomar una mejor decisión requiere una pausa, requiere romper el reflejo de hacer las cosas sin pensarlas.  Requiere caer en cuenta de las cosas.  Pero caer en cuenta de las cosas es algo que en principio debe ser espontáneo y por ello mismo no se puede forzar.

¿O sí?

Odio que me den consejos como caiga en cuenta de los demás, o yo no debería pedirle esto, ud. debería hacerlo por su propia cuenta. Precisamente mi problema es que no caigo en cuenta de las otras cosas y siento que ese consejo me es completamente inútil.  Inútil porque me dicen el qué cuando desconozco el cómo.

El número de consejos que odio por repetidos e inútiles es enorme.

Entonces reflexiono sobre el concepto del regaño, de la cantaleta, del sermón.  Odio cuando soy el objeto de un reclamo porque este está lleno de verdades incómodas.  Porque mucho de lo que me dicen es verdad: soy una persona egoísta que no piensa en los demás.  Soy una persona irresponsable.  No asumo mi propia vida.

El sermón también suele incluir cosas que no considero ciertas.  Una de las cosas que más me incomoda de las discusiones con mi pareja es el concepto de propósito, de intención.

Ya dije que mi egoísmo no es activo sino pasivo.  No actúo en forma egosísta porque quiera pasar por encima de los demás sino porque ignoro a los demás aun a pesar de mis propios intereses.  En muchas ocasiones cuando hago o dejo de hacer, sobre todo cuando dejo de hacer, no tengo ningún propósito de hacer daño a los demás.  Entonces odio cuando mi esposa me dice que hago las cosas para fastidiarla, para hacerle daño, por odiarla.  Odio eso porque no es verdad.  O al menos creo que no es verdad.  Porque en mi estructura mental la falta de propósito para algo no significa un propósito para lo contrario a ese algo.

Entonces las verdades son incómodas y los silogismos son incómodos y las atribuciones gratuitas son incómodas.  Todo el concepto del sermón, de la cantaleta, del regaño lo siento como un ejercisio incómodo e inútil.

Desde luego que en un análisis racional bien puedo decir que si me es incómodo ese discurso que es consecuencia de mi acción o inacción, debería actuar correctamente para evitar esa situación incómoda.

Pero regreso al campo de los consejos inútiles.

Hacer las cosas bien para evitar la consecuencia incómoda del sermón implican que en su momento haya caído en cuenta de qué hacer bien y cómo lograrlo.

Incluso me he encontrado en la situación donde caigo en cuenta en el qué y en las consecuencias, pero cierto pensamiento mágico me lleva a pensar que tal vez logre esquivar esa consecuencia ante la falta de motivación o de conocimiento para actuar bien en ese momento.

Entonces es incómodo comprobar que no sólo soy irresponsable por falta de caer en cuenta: soy irresponsable porque establezco mal prioridades aún cuando pueda ser conciente de las alternativas.  Porque doy prioridad a la satisfacción inmediata de un placer o una obsesión.

Porque esa es otra verdad en la que he estado cayendo en cuenta últimamente: soy obsesivo en algunas cuestiones.  Esa obsesión que me lleva a enfocarme en perfeccionar partes pequeñas o invisibles de mi trabajo sobre lo que es práctico.  O que me lleva a concentrarme por temporadas en Formspring o en Tumblr.

La verdad sobre mi mismo es supremamente incómoda.  Soy un conjunto de defectos y el principal de ellos es que soy incapaz de ver una salida.  Soy incapaz de pensar en forma práctica.

Y que me repitan los defectos que ya conozco o me encuentren nuevos termina siendo un ejercicio incómodo el cual odio, y odio sobre todo porque siento que está lleno de reclamos y consejos inútiles.

Anuncios

Acerca de gabisson

Copy of a human being
Esta entrada fue publicada en Reflexiones vagas. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s